El curso de la vida cotidiana en ocasiones nos impide reflexionar sobre ciertas problemáticas. Pensar en el futuro de ‘la humanidad’, es un tema que por interesante que resulte, el día a día nos obliga a ignorar. No es útil pensar en hacia dónde va la especie humana, no nos resuelve nada en lo inmediato. Sin embargo, hace su aparición de vez en cuando, en una charla, en un momento personal de reflexión, o detonado por algo que vimos, leímos o escuchamos…Parece que existe un pensamiento compartido en los tiempos actuales. Una sensación difusa de desesperanza en el futuro. Abocarnos a pensar el futuro en términos realistas, nos obliga a hacer uso de nuestra percepción del presente y establecer un juicio basado en la lógica. Las cosas ahora van mal o al menos no mejor que antes: Gobiernos corruptos, ser humano alienado en el consumo y el estilo de vida light, grandes conglomerados económicos que nos seducen a través de sus aparatos corporativos. Una economía mundial rapaz que sigue prefiriendo auto inyectarse cifras exorbitantes en recursos económicos para mantenerse a flote, en vez de entender de qué forma puede ayudar a los millones de personas alrededor del mundo cuyas condiciones de vida los tienen al borde de la supervivencia.
Parecería que para el actual sistema de capitalismo neoliberal vale más hincharse como globo hacia arriba captando más y más capital, que desparramarse horizontalmente alrededor del planeta. Abundan las teorías populares que hablan de un poder que obtiene beneficios de controlar a las masas. Los poderos que mueven los hilos del mundo a través de la industria del petróleo, la guerra, los medicamentos o los medios.
Pensar en esos temas no puede más que llevarnos a vislumbrar un futuro desalentador. Existe una sensación difusa de desesperanza en el futuro. Cuando nos tomamos el tiempo de imaginarlo, aparecen fácilmente imágenes grises, paisajes contaminados, gobiernos ineptos o totalitarios, decadencia. Me he topado incluso con visiones que llevan esta desesperanza incluso más lejos, imágenes apocalípticas de un mundo sumido en una crisis ambiental, la tecnología de la información en manos del estado para controlar al sujeto: quién eres, qué compras, dónde vives, cuál es tu ideología, todo, a un click de distancia.
Pensar el futuro actualmente tiende a la distopía, palabra que curiosamente no aparece en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, pero que Wikipedia define como:
‘Una utopía perversa donde la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal. El término fue acuñado como antónimo de utopía y se usa principalmente para hacer referencia a una sociedad ficticia (frecuentemente emplazada en el futuro cercano) en donde las tendencias sociales se llevan a extremos apocalípticos.’
Para toda una generación de jóvenes, las creaciones culturales que muestran el futuro tienden a ser distópicas.
- ¿Cuántos ejemplos en el cine o la literatura puedes darme de un futuro feliz?-
Le he hecho esta pregunta a diferentes personas y los ejemplos más recurrentes de un futuro en el que se desearía estar son: ‘Los supersónicos’ y en algunos casos –por decirlo de algún modo, más nerds- ‘Futurama’.
Pero, curiosamente los ejemplos de futuros menos atractivos o distópicos vienen a nuestra memoria con mayor facilidad. Entre los más populares en literatura tendríamos: La máquina del Tiempo, Un Mundo Feliz, 1984, Farenheit 451 o en cine: Metrópolis, Blade Runner,12 monos, Brazil, Soylent Green, o los clásicos de acción como Total Recall, Matrix, Mad Max o Water World. Es inevitable pensar que ‘consumir’ estas creaciones culturales tiene alguna influencia en nuestra difusa pero presente sensación de que el devenir humano va en una espiral descendente hasta encarar su fin.

Tomando el panorama desalentador que nos ofrece el presente sumándolo al imaginario distópico que con mayor frecuencia nos ofrece la cultura popular, es comprensible que el futuro desilusione o incluso atemorice.
Bbaste recordar ‘el fin de los metarrelatos’ que describió Lyotard, la caída del ‘ideal de progreso’. Esa condición posmoderna que nos devela la inexistencia de un ‘futuro mejor’; que nos sentenció a tomar consciencia del devenir histórico, no como una gráfica ascendente hacia el bienestar, sino como una línea que se bifurca, retuerce, regresa, sube, baja…
¿Qué efectos tiene en el presente esta tendencia a pensar de forma distópica?, ¿Cómo influye un panorama desalentador en la vida cotidiana de las personas?, ¿Nos afecta?, ¿Hasta qué punto?
Pero esa es un tema extenso, que continuará en la siguiente entrega…
Por: Hipozz
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